Historia | La Vall d'uixo

Jueves, Mayo 15, 2014 - 08:45
Historia

 LA VALL D’UIXÓ Y SU HISTORIA.

El actual territorio de la Vall d’Uixó ha sido ocupado desde la Prehistoria por diferentes grupos humanos. Su estratégica situación geográfica, al pie de las últimas estribaciones de la Serra d’Espadà, y dominando ampliamente la llanura litoral, han permitido y facilitado el establecimiento de la población a lo largo de la historia.

Por el momento, la Cova de Sant Josep y otras cuevas de sus alrededores, suponen el elemento más antiguo, desde el punto de vista cronológico. Los trabajos arqueológicos realizados en esta cueva, han permitido conocer que estuvo ocupada por cazadores-recolectores de finales del Paleolítico Superior, aproximadamente 16.000 años a.C. Esto, junto al hallazgo de dos paneles rocosos a la entrada de la cueva con representaciones de pinturas rupestres en rojo de estilo esquemático, nos dan idea de la importancia del lugar.

La predilección de las gentes por habitar en el Valle continuó durante el Neolítico y la Edad del Bronce, épocas de las que nos han quedado numerosos vestigios en forma de poblados y asentamientos en cuevas. Durante la Edad del Bronce se generaliza el hábitat en poblados situados en lo alto de las montañas, perfectamente fortificados, con murallas y torres de vigilancia. Su situación estratégica les permitía controlar un vasto territorio y el paso al interior de la Serra d’Espadà tanto de ganados como de mercancías y de gentes, además de dominar ampliamente la Plana.

La época Ibérica supuso una considerable expansión de la población, como lo atestiguan los restos de la Ciudad ibérica de La Punta de Orleyl y del Poblat de Sant Josep.

La Punta de Orleyl ocupa una gran extensión y presenta cuatro filas de murallas sucesivas y torres. Destaca su acrópolis, donde se localizaron los restos de, al menos, dos grandes edificios públicos construidos con enormes piedras escuadradas.

El Poblat de Sant Josep, situado en la cima del cerro del mismo nombre, representa un buen ejemplo de urbanismo antiguo. Es de dimensiones reducidas, pero posee una muralla, dos torres, calles y casas de las épocas ibérica y romana.

Su época esplendor tuvo lugar durante las etapas ibéricas, aunque después de despoblarse durante un largo tiempo, fue ocupado de nuevo durante el siglo IV d. C., ya en lo finales del Imperio Romano. Durante esta época, la población evolucionó hacia el colonariado agrario, polarizándose la actividad económica en las “villae”, explotaciones agropecuarias, de las que se conservan numerosos ejemplos, siendo uno de los más significativos La villa romana de Uixó, localizada en el corazón de la Ciudad, donde se recuperó un mosaico realizado hacia el año 60 a.C. y construido con la técnica del “opus signinum”.

Este tipo de estructura de poblamiento perduró durante bastante tiempo y así, la época hispano-romana también está representada en nuestro municipio. Hace unos años se localizaron los restos de parte de una necrópolis de inhumación que fue datada entre los siglos VI y VII d.C. u adscrita a la etapa visigoda. En total se hallaron los restos de 66 individuos junto a sus ajuares funerarios.

La conquista árabe y el establecimiento de estas poblaciones no cambiaron demasiado el tipo de vida. A lo largo de esta larga etapa se ha podido documentar la existencia de unas doce alquerías que, situadas a ambos lados del río Belcaire. Seis de ellas: Alcúdia, Seneja, Benigafull, Benissahat, Seneta y Benigasló se encontraban localizadas en lo que hoy es el casco urbano y que con el tiempo evolucionaron y se unieron formando dos núcleos urbanos. Cada una de ellas era independiente y poseía su propia zona industrial, así como su necrópolis.

La organización política y jurídica de todo este conjunto de pequeñas poblaciones presididas por el Castell d’Uixó, se establecía a través de un Hins, donde la aljama o representantes de las alquerías garantizaban la seguridad del Valle dependiendo del Amal de València, tal y como lo demuestra la Carta Pobla de 1250.

La incorporación de la Vall a la soberanía de Jaume I y la posterior constitución política del Regne de València, no supusieron modificaciones importantes, porque la comunidad musulmana de La Vall mantuvo también la estructura del poblamiento y el régimen jurídico que había en el tiempo de las capitulaciones de rendición de las aljamas a este rey. Esta situación se mantuvo durante la baja Edad Media, mientras La Vall formó parte del dominio real, al cual puso fin el rey Alfonso el Magnánimo en 1436, cuando dió a su hermano Enrique varios lugares y villas entre las que se encontraba la Vall d’Uixó. A partir de esta donación, nuestro territorio se convirtió en lugar de señorío, situación en la que permaneció durante toda la Edad Moderna, hasta la abolición de los señoríos jurisdiccionales de los años 1811-1823.

La Vall d’Uixó sufrió profundas transformaciones durante ésta época. A partir de la expulsión de los moriscos en 1609 teóricamente todas esas poblaciones debían substituirse por cristianos, pero aquí no fue del todo así, como lo ha constatado la arqueología. Los moriscos conservaron sus casas y continuaron trabajando las tierras y realizando sus actividades industriales, aunque bajo control cristiano. Esta mezcla entre ambas poblaciones supuso un cambio en la economía, ya que a la mayoría agraria se añadió un grupo de menestrales constituido por cordeleros y sobre todo “espardenyers”, que prosperaron y perduraron hasta el siglo XX, igual que los “ollers”, industria que ha perdurado hasta hoy.

Durante el siglo XVIII, la población de la Vall aumentó notablemente, lo que se constata también por la expansión urbanística. Esto supuso la aglutinación de las antiguas alquerías en dos núcleos: “El poble de Dalt” y “el poble de Baix”, cada uno de ellos contaba con una parroquia (El Santo Ángel y Mare de Dèu de l’Assumpció).

A partir del siglo XIX (1860), ambos pueblos, así como todos los arrabales de su alrededor, se aglutinaron y se conformó una plaza central, donde está situado el Ayuntamiento en la actualidad.

A lo largo de todo el siglo XX se produjo la segunda gran expansión económica y demográfica. La Vall asistió a una gran inmigración a causa de la fuerte industrialización de la antigua artesanía del calzado, perdurando en el tiempo hasta comienzo de los años 90. A partir de entonces y tras un periodo de crisis económica debido al cierre de esa empresa, se modificó la estructura socioeconómica, se diversificó la industria y se apostó por potenciar comercialmente el municipio, lo que está propiciando nuevamente el aumento de la población así como el urbanístico.

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